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Joya urbanística

El Eje Central de Beijing: un tesoro mundial en el corazón de China

El Eje Central fue oficialmente inscrito en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Conocé de qué se trata.

En un hito histórico para la preservación del patrimonio cultural, el Eje Central de Beijing ha sido oficialmente inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este reconocimiento, anunciado el 28 de julio de 2024, corona más de una década de esfuerzos por parte de China para proteger y promover esta joya urbanística que ha sido testigo más de 750 años de historia.

Este eje, que atraviesa la ciudad de sur a norte, es el resultado de más de siete siglos de acumulación y superposición histórica desde las dinastías Yuan, Ming y Qing hasta la era moderna. Es un libro abierto que narra la evolución de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, desde la dinastía Yuan en el siglo XIII hasta la China moderna del siglo XXI. Testifica el desarrollo de la civilización china y demuestra la influencia duradera del concepto tradicional de planificación de ejes urbanos en las ciudades chinas.

El Eje Central de Beijing comenzó a construirse durante la dinastía Yuan (1267) y, tras su continuo desarrollo y perfeccionamiento durante las dinastías Ming y Qing, se ha convertido en un destacado ejemplo de la planificación urbana china antigua después de más de 750 años. Se extiende desde la Puerta de Yongding en el sur hasta la Torre del Tambor y la Torre del Reloj en el norte, con una longitud total de 7,8 kilómetros, atravesando el centro de la ciudad de Beijing. Este eje conecta tres Patrimonios de la Humanidad reconocidos por la UNESCO: la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo y el Gran Canal, cada uno de ellos una joya de la arquitectura. La planificación y el diseño de este eje no solo representan una forma arquitectónica, sino que también reflejan el concepto antiguo chino de la armonía entre el cielo y el hombre.

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La Ciudad Prohibida, como núcleo del eje, es uno de los edificios de madera más grandes y mejor conservados del mundo. Con una superficie de 720,000 metros cuadrados, fue el hogar de 24 emperadores de las dinastías Ming y Qing. No solo es un símbolo del poder imperial chino, sino también una obra maestra del arte arquitectónico chino. Los edificios dentro y fuera de la Ciudad Prohibida emplean técnicas tradicionales de construcción en madera, combinadas con elaboradas pinturas y tallas, demostrando la habilidad y el sentido estético de los antiguos artesanos chinos.

Los edificios del Eje Central

El Templo del Cielo, por su parte, fue el lugar de los rituales imperiales para venerar al cielo y pedir abundantes cosechas durante las dinastías Ming y Qing. Como importante patrimonio cultural en el eje, simboliza las ideas antiguas chinas sobre el cielo y la tierra. Cada invierno y verano, el emperador realizaba ceremonias de sacrificio en el Templo del Cielo, uno de los eventos más importantes del calendario imperial. Estas ceremonias no solo tenían un significado religioso, sino que también eran un símbolo del gobierno y la estabilidad social del país.

El Gran Canal es el único remanente de la dinastía Yuan en el Eje Central, con más de 2500 años de historia. Es el canal más largo del mundo y también el canal más antiguo y de mayor escala que se ha excavado.

El Eje Central no solo es una serie de monumentos estáticos, sino también un lugar importante en la historia moderna de China, siendo testigo del proceso de revitalización de la nación. El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China desde el balcón de Tiananmen. En 2008, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing se celebró en el Estadio Nacional "Nido de Pájaros" en el extremo norte del eje, mostrando al mundo el rostro moderno de China. Hoy en día, el Eje Central sigue siendo el centro de ceremonias nacionales y actividades políticas y culturales. Esta continuidad en su función histórica le confiere una influencia contemporánea incomparable, impactando enormemente la vida actual.

Para nuestros amigos argentinos, recorrer el Eje Central podría evocar, en cierta forma, la grandeza de la Avenida de Mayo en Buenos Aires. Aunque de épocas y culturas diferentes, ambas son expresiones monumentales del poder y la visión de grandes naciones. La Avenida de Mayo, con sus edificios históricos y su conexión entre la Casa Rosada y el Congreso, refleja la historia política argentina, así como el Eje Central de Beijing encapsula la historia imperial china.

El eje Central no solo es un festín para los ojos; también lo es para el paladar. A lo largo de su recorrido, los visitantes pueden degustar algunos de los platos más emblemáticos de la cocina pequinesa. En la calle Qianmen, por ejemplo, se pueden probar los famosos patos laqueados de Beijing, un manjar que ha deleitado a emperadores y plebeyos por igual durante siglos. Para los amantes de la comida callejera, el mercado nocturno de Donghuamen, cerca de la Plaza de Tiananmen, ofrece una variedad de bocadillos exóticos que desafían incluso a los paladares más aventureros. Desde brochetas de escorpión hasta dumplings de todos los sabores imaginables, este mercado es un microcosmos de la diversidad culinaria china.

"El Eje central de Beijing es el eje más largo de una ciudad en el mundo"

Christa Reicher, profesora de la Universidad Técnica de Aquisgrán y titular de la Cátedra UNESCO de Patrimonio Cultural y Desarrollo Urbano, destaca: "El Eje central de Beijing es el eje más largo de una ciudad en el mundo. Es producto de una de las mejores planificaciones urbanas de la historia".

Para los visitantes latinoamericanos, el Eje Central ofrece una oportunidad única de sumergirse en la rica historia de China mientras reflexionan sobre las conexiones entre nuestras diversas culturas. Laura Bianchi, historiadora de arte argentina, comenta: "Estudiar y comparar estos espacios urbanos nos ayuda a entender mejor nuestras propias culturas y las conexiones que compartimos a pesar de la distancia".

El reconocimiento del Eje Central como Patrimonio Mundial no solo beneficia a China, sino que también abre nuevas vías para el intercambio cultural con América Latina. Se pueden imaginar exposiciones conjuntas que exploren las similitudes y diferencias entre las grandes civilizaciones de Asia y América, o programas de intercambio que permitan a los estudiantes latinoamericanos participar en la conservación de estos tesoros históricos.

Con esta inclusión, el número de sitios declarados como Patrimonio Mundial en China se eleva a 59, subrayando el rico legado cultural del país. Para los viajeros extranjeros, el Eje Central de Beijing se presenta ahora no solo como un destino turístico, sino como un testimonio vivo de la continuidad y adaptabilidad de la cultura china.

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