A ocho años de la muerte de Alberto Nisman, el único imputado por el hecho, Diego Lagomarsino, aseguró que ahora "está bien", pero que "hasta hace dos o tres años, fue muy duro bancar la mentira". Además, volvió a defenderse de la acusación por haberle entregado un arma: "Era muy difícil decirle que no". Lo dijo en De Vuelta con Pablo Duggan, al cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición física del fiscal.
"Si pudiera borrar cosas de mi mente, el nacimiento de mis hijos y el momento en que le llevé el arma no podría borrarlos", se sinceró el técnico informático.
Fue entonces cuando relató cómo fue aquel episodio, que hoy lo tiene como único imputado en la causa judicial. "Él me preguntó primero si tenía un arma -dijo-. Me cayó como un balde de agua fría. Pensé que me lo decía para cuidarme yo. Un segundo después me dijo '¿Me la prestás?' Y ahí empezó el tira y afloje. Yo volví a mi casa, junté las partes, porque la tenía desarmada en distintos lugares, y se la llevé. En el segundo viaje, cuando se la di, le enseñé la seguridad del arma. No le enseñé a tirar".
Al explicar por qué accedió a ese pedido, Lagomarsino señaló: "A Alberto era muy difícil decirle que no. Te daba vueltas. Como las vueltas que me dio cuando yo le decía que tenía custodia (para hacerle ese pedido). Pero cuando él me dijo: '¿Vos sabés lo que es que tus hijas no quieran estar con vos por miedo a que les pase algo?', me resultaron lógicos el miedo y la preocupación que podía haber tenido por la seguridad de ellas".
A sabiendas de que ese arma constituye hoy el principal elemento en su contra, Lagomarsino se defendió de las sospechas que pesan sobre él: "Vamos a suponer que lo mataron. ¿De qué me acusan a mí? De haberle dado el arma. No a Alberto Nisman, a un comando. Me acusan de haber sido parte de un plan. Porque el arma estaba dentro del baño".