El asesinato de Susana Montoya golpeó a los movimientos de Derechos Humanos. De entrada, porque se trata de la viuda de una víctima de la última dictadura, un policía que fue secuestrado y desaparecido. Y luego, por el giro que dio el caso con la detención de Fernando Albareda, con base en un cúmulo de pruebas que lo sitúan como el principal sospechoso.
La historia dio un giro de 180 grados la semana pasada, cuando el fiscal del caso ordenó la detención de quien hasta ese momento se había paseado por los medios de comunicación con su relato de cómo había encontrado a su madre y sus lamentos por lo ocurrido. Pero para la Justicia, hay elementos como una cámara de seguridad que lo ubican en la casa de Montoya del barrio Ampliación Poeta Lugones en la franja en la que habría ocurrido el crimen.
También hay pruebas grafológicas sobre las amenazas que el propio Albareda denunció en varias ocasiones, que coincidirían con su propia letra. Hay en proceso una serie de elementos de prueba en producción que serán clave.
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Miguel Robles, especialista en seguridad, antropólogo y docente universitario, dio en los últimos días una entrevista a Perfil Córdoba. El hombre trabaja hace una década en una investigación sobre Ricardo Fermín Albareda, padre del detenido.
La historia indica que Albareda padre estaba en la Policía y desde allí pasaba información a integrantes del PRT-ERP. Pero eso ocurrió hasta que fue secuestrado a raíz de que sus jefes se habrían enterado de esas comunicaciones. ¿Cómo? Robles dijo que no tiene dudas: que fue Susana Montoya, su entonces pareja, cuando la relación comenzó a flaquear.
Tiempo después de la desaparición de Albareda padre, la mujer entabló vínculo con otro policía, y al tiempo entró a trabajar a la fuerza provincial, donde se jubiló hace 14 años. Fernando Albareda no habría recibido buenos tratos por parte de la nueva pareja de su madre: tuvo que pasar parte de su infancia en institutos de menores y en casas familiares.
Eso explicaría, en parte, fragmentos de una carta que dejó Albareda antes de ser detenido y tras el crimen de su madre. "Toda esa imagen costó años de reconstrucción y de tratar de entender cosas que estaban en gris y que después del suicidio de mi hermana, decidí poner fin y hacer un punto y aparte, lo cual resultó porque empezamos con mi mamá una hermosa relación de simbiosis que lo que yo hacía por ella me volvía y lo ella hacía por mí también le volvía", decía.