En setiembre, un grupo de empresarios y funcionarios brasileños llegó al pueblo pesquero peruano de Chancay llamados por el megapuerto que construye China prometiendo una rápida ruta en busca de impulsar el lazo comercial de América del Sur con Asia, una decisión que podría favorecer el avance en las relaciones de Uruguay con el gigante asiático.
El puerto de aguas profundas de unos 3.500 millones de dólares, que operará a fines de este año, dará a China el control de una puerta de entrada clave a la región rica en recursos, donde durante diez años ha destronado a Estados Unidos en términos comerciales, devorando soja, maíz y cobre.
El terminal será el primero controlado por Pekín en América del Sur, que recibirá grandes buques de carga que podrían dirigirse directamente a Asia, lo que supone un recorte de más de dos semanas para algunos exportadores.
Pekín y Lima esperan que Chancay sea un nuevo centro de exportación regional, tanto para la nación andina rica en cobre, como también para los agricultores del oeste de Brasil, cuyos cargamentos de soja viajan actualmente a través del Canal de Panamá o bordeando el Atlántico antes de dirigirse a China.
"El megapuerto de Chancay apunta a convertir al Perú en un hub comercial y portuario estratégico entre Sudamérica y Asia", dijo el ministro peruano de Comercio Exterior y Turismo, Juan Mathews Salazar, quien suele bromear diciendo que Chancay suena a Shanghái, el gigante puerto chino.
La obra es parte de la iniciativa "La Franja y la Ruta" que China lleva una década, y plantea un reto para Estados Unidos y Europa que buscan frenar el ascenso chino en América Latina. La fuerza comercial de Pekín le ha ayudado a ganar aliados e influencia en foros políticos, financieros y tecnológicos.
Las claves del proyecto
La primera fase de Chancay, controlada mayoritariamente por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports, debería estar terminada en noviembre de 2024. Y el presidente chino, Xi Jinping, que se espera visite Perú ese mes para una cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), podría inaugurar el puerto, dijo una fuente diplomática en Lima.
"Es parte de la nueva Ruta de la Seda de China", dijo Mario de las Casas, gerente de asuntos corporativos de Cosco Shipping, que tiene el 60% en el puerto. El resto pertenece a la minera local Volcan, controlada por la firma global Glencore.
En el puerto de Chancay, cuya construcción a 80 kilómetros al norte de Lima comenzó en 2018, un túnel de acceso luce con caracteres chinos blancos sobre un fondo rojo, mientras enormes rompeolas de concreto protegen seis kilómetros de muelle.
José Adriano da Silva, un empresario agrícola brasileño del estado de Acre que visitó el puerto, dijo que el proyecto acelerará el desarrollo regional en el oeste de Brasil y que conversaciones entre funcionarios peruanos y brasileños estaban en marcha para resolver los desafíos del transporte terrestre.
El gobierno de Perú planea una zona económica especial cerca del puerto y Cosco Shipping quiere construir un polo industrial cerca Chancay para procesar materias primas que podrían incluir granos y carne de Brasil antes de enviarla a Asia.
La relación con Uruguay avanza
Este avance afianza la relación del gigante asiático con la región, una decisión que podría favorecer conexión comercial con Uruguay que busca un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China.
En el mes de noviembre, el presidente Luis Lacalle Pou viajó a China y volvió al país con varios objetivos cumplidos. En términos políticos, el asunto central es la posible firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el gigante asiático, y el tema se incluyó en la declaración final de ambos países.
Concretamente, las partes “se congratulan por la finalización del Estudio Conjunto de Factibilidad sobre un posible Tratado de Libre Comercio (TLC) Uruguay-China”, y en base a sus conclusiones “reafirman su disposición a promover la construcción de una asociación de libre comercio”. Estos conceptos -que están en el punto 9 de la declaración conjunta- son seguidos por una mención al Mercosur: “ambas Partes están dispuestas a promover el diálogo en materia de libre comercio entre el Mercosur y China”.
Uruguay firmó varios nuevos acuerdos y protocolos con el gobierno chino, apuntando a constituir una Alianza Estratégica Integral. Según manifestó el doctor en Relaciones Internacionales, Ignacio Barthesaghi, este tipo de alianza la reserva China a grandes países, por lo que el hecho de que la haya acordado con Uruguay es significativo e ilustra la relevancia que le da el gobierno chino a la relación con el país.
Aún así, algunos empresarios expresaron a Ámbito que Uruguay tiene importantes desafíos para avanzar en más comercio con China. “Hay que recordar que los fletes marítimos a China demoran entre 55 y 60 días, por lo que la posibilidad de colocar productos frescos es acotada, en especial para frutas”, explicaron.
Uno de los protocolos firmados está vinculado al comercio de frutas cítricas, y habilita la exportación de limones, que se suma a naranjas y mandarinas, ya habilitadas. “Para enviar estas frutas frescas, la logística tiene que estar muy bien aceitada”, agregaron. China no está entre los principales destinos de los cítricos uruguayos, pero puede aumentar su importancia en el futuro.
El impacto mayor y más inmediato seguramente se dará en el sector cárnico, para el que China es el principal destino. La reducción del tiempo mínimo de estadía en el establecimiento previo a la faena (que bajó de 90 a 46 días) dará más flexibilidad a los negocios ganaderos para el gigante asiático. Además, la habilitación de las compras de mondongo y librillo (estómagos del rumiante) puede sumarle a la industria frigorífica unos 40 millones de dólares más por año.
Por las cuestiones logísticas descritas, la mayor parte de la carne uruguaya se exporta a China congelada, lo que le otorga mucha mayor vida útil, aunque resignando calidad.
Uruguay exportó bienes a China por unos U$S 1.400 millones en los primeros 10 meses del año. La cifra es 44% inferior a la del mismo período del 2022, por la fuerte caída en la exportación de soja (por la sequía) y la baja en el precio de la carne. A esa cifra hay que sumar la celulosa (que sale desde zonas francas y que tiene a China como segundo destino, detrás de la UE), y algunos otros productos que salen de zonas francas. Superada la sequía, las exportaciones a China deberían superar los U$S 3.000 millones en 2024.