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Análisis

Deuda bajo control y bajo vigilancia

La economía uruguaya destaca por su solidez, más allá de algunas luces amarillas, contrastando con una Argentina en crisis.
Por  Nicolás Lussich

Mientras la economía argentina sigue inmersa en una grave crisis (que entra en momentos de definiciones políticas, por el ciclo electoral) la situación en Uruguay no puede ser más diferente. Si bien la economía local tiene dificultades, propias y ajenas, la posición financiera del Estado uruguayo es sólida. El riesgo país en Argentina está por encima de 1.900 puntos, en Uruguay no supera los 100 puntos. Mientras nuestros vecinos profundizan su desconexión del mercado financiero global y dependen del FMI, Uruguay mejoró la calificación de su deuda dentro del Grado Inversor, según han definido las principales calificadoras. La inflación baja, mientras en Argentina se afirma por encima del 110%.

Sin embargo, la comparación con Argentina no ayuda mucho y, si bien la situación está bajo control, hay que mantener la vigilancia y no bajar la guardia. En especial porque el mundo ha entrado (después de más de una década) en un ciclo de tasas más altas, definidas por las principales economías para bajar y mantener baja la inflación. El costo del endeudamiento será relativamente mayor en los próximos años.

En este escenario, importa observar la trayectoria del endeudamiento del Estado en relación al PIB, que se observa en la gráfica adjunta. Allí se ve un derrotero bastante estable, con un descenso luego de la pandemia, producto de la contención del déficit en 2021 y parte de 2022, con la simultánea recuperación de la economía. Dicha relación ha tendido a aumentar en los últimos trimestres (el último dato es a marzo: 65%) pero está en niveles muy similares a los registrados antes de la pandemia.

El resultado fiscal y el PIB, dos luces amarillas

Sin embargo, en los últimos meses se han encendido algunas luces amarillas, en los dos componentes que definen la relación deuda / PIB: el resultado fiscal y la marcha del propio Producto Interno Bruto. En cuanto a la marcha de la economía, es bastante claro que este año hay dificultades de crecimiento; algunas son explicables muy directamente por cuestiones coyunturales, como es el caso de la sequía, que causó pérdidas muy serias en la producción agropecuaria, y que últimamente además se ha trasladado a dificultades a nivel urbano. Otro factor negativo es la propia situación en Argentina que por la situación de precios relativos (mucho más barata) “se lleva” buena parte del consumo uruguayo hacia la vecina. Esta situación parece migrar de lo coyuntural a lo estructural, en la medida en que no parece que Argentina logre cambiar su situación rápidamente.

Asimismo, hay efectos propios que impactan en el PIB y uno es la propia política monetaria para bajar la inflación, que genera una caída del tipo de cambio que afecta la competitividad. El BCU ha comenzado a reducir la tasa de interés (esta semana la ubicó en 10%) pero su impacto en los precios relativos es modesto y lento. Asimismo, Uruguay mantiene dificultades de acceso a mercados y problemas de productividad en varios sectores.

La merma en la recaudación y la baja del dólar

Estos factores, en diversa proporción, han provocado un deterioro en la recaudación(en el IVA, el impacto argentino parece claro), que se espera que se corrija (al menos en parte) el año próximo, con la normalización del clima. Pero el deterioro fiscal también se explica por la rigidez del gasto, que no se adapta a las condiciones de menores ingresos que el Estado está enfrentando. El advenimiento del ciclo electoral agrega preocupación en este sentido, dado que históricamente ha implicado un mayor gasto. Esto no necesariamente tiene que ser así en esta oportunidad entre otras cosas porque hay una nueva regla fiscal que limita el gasto y el endeudamiento, pero si no hay una convicción clara en quienes definen políticamente los presupuestos, puede haber problemas.

Otro aspecto clave a considerar es la baja del dólar en el mercado local mejora el ratio deuda / PIB, al menos a corto plazo, porque –si bien hubo avances sustanciales en la desdolarización de la deuda estatal- cerca del 50% aún está nominada en dólares. La reciente emisión del nuevo bono en pesos a largo plazo es un paso más en el sentido correcto. Además, el plazo medio de la deuda uruguaya también se ha extendido (la madurez promedio es de más de 12 años) y solo 5,4% es a tasa flotante, según datos de la Unidad de Gestión de Deuda del MEF.

En conclusión la deuda está bajo control, pero bajo vigilancia: si la economía uruguaya no retoma cierto ritmo de crecimiento y la situación fiscal no se recompone, al menos parcialmente, Uruguay podría enfrentar restricciones que -sin ser graves- pueden generar dificultades en el corto y mediano plazo. El país tiene un estatus financiero destacado en la región y una gestión muy profesional de su deuda; para mantenerse, el déficit fiscal –que viene subiendo y ya está en 4% del PBI- tiene que reducirse.

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