El Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo un pedido a los bancos centrales del mundo, sobre todo a aquellos cuyos países este año atraviesan procesos electorales, de resistir a las presiones políticas sobre la reducción de las tasas de interés y mantener un rumbo prudente en cuanto a la política monetaria. ¿Cuál es el estado de situación en Uruguay?
La inflación en el mundo sigue siendo uno de los principales problemas de la economía internacional y, si bien se han logrado mejoras durante el 2023, está lejos de ser una situación totalmente controlada o, en todo caso, un aspecto a dejar de priorizar en las estrategias de cada país. En este sentido, basta con ver con el rumbo de Uruguay que, habiendo sido el líder en el ciclo de recortes de las tasas de interés en la región durante el año pasado, y con una inflación que lleva nueve meses consecutivos dentro del rango meta, el 2024 lo inició con una pausa en las bajas ante la firme decisión de seguir reduciendo la presión sobre los precios.
Al respecto se refirió la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en una publicación disponible en el blog del organismo, en la cual instó a los responsables de la política monetaria a resistir las demandas y presiones de las que puedan ser objeto con el fin de avanzar en una reducción prematura de las tasas de interés. Esto, sobre todo, considerando que en más de 60 países del mundo —incluido Uruguay— habrá elecciones este año.
Para la jerarca, la mayor independencia de los bancos centrales protege mejor la estabilidad de precios, clave en la prosperidad de las economías. Al respecto, y sin mencionar ningún caso en concreto, sostuvo que “los riesgos de la interferencia política en la toma de decisiones y los nombramientos de personal de los bancos están aumentando”, pero que las autoridades de política monetaria no deben ceder ante las presiones que ven en la reducción de costos —por el valor de endeudamiento y el tipo de cambio— una respuesta o gesto “fácil” para los votantes.
El caso de Uruguay, entre el atraso cambiario y la independencia del BCU
Uruguay no está exento a los riesgos mencionados por el FMI y, por lo tanto, a cumplir con las recomendaciones del organismo. Si bien el Banco Central del Uruguay (BCU) se ha caracterizado —y ha sido reconocido públicamente— por su no injerencia en el tipo de cambio, la decisión de mantener sin cambios las tasas de interés tras la primera reunión del Comité de Política Monetaria (Copom) no fue bien recibida en varios sectores, sobre todo los exportadores, que ven caer el tipo de cambio y la competitividad de manera constante.
Lo cierto es que la dicotomía entre el atraso cambiario y el control de la inflación —en lo que parece ser un ejemplo de la teoría de la sábana corta— no es nuevo en la mesa de debate público; pero este año ha tomado mayor centralidad, una vez más, con la llegada de la pausa en el ciclo de recortes en la Tasa de Política Monetaria (TPM) por parte del BCU y el aparente abandono del dólar de la cotización “planchada” con la que inició el 2024 a favor de una tendencia bajista que lo ha hecho retroceder un 3,43% —más que lo que cayó en 2023— solo en lo que va de marzo.
Sin embargo, y pese al reclamo insistente de los sectores productivos y exportadores respecto al atraso cambiario, la actitud de las autoridades del BCU es clara: el tipo de cambio es flotante y la política monetaria no debe intervenir en el mismo. De hecho, esta fue una de las razones que permitió la reciente mejora de la nota de grado inversor del país por parte de la agencia Moody’s.
En paralelo, está la intención de continuar bajando la inflación que, si bien en los últimos nueves meses se ubicó dentro del rango meta, la mayor parte de las proyecciones indican que este escenario se revertiría para el segundo semestre del año. Incluso, las expectativas empresariales ubican la inflación anual por encima del 6% tope que mantuvo el Comité de Política Macroeconómica para el 2024. En este contexto, no parece que el BCU vaya a ceder al reclamo de un mayor recorte en las tasas.
Mientras tanto, entre los analistas y dirigentes políticos están quienes entienden que el atraso cambiario es resultado del mayor flujo de divisas a partir de la inversión extranjera directa (IED) —un argumento esgrimido no solo desde el gobierno sino desde otros organismos como, por ejemplo, el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED). En contrapartida, están quienes apuntan a la falta de “claridad en la política monetaria”, como es el caso de Adrián Fernández del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve); e instan a una mayor intervención del BCU para lograr un dólar más competitivo, como señaló el expresidente del banco central y precandidato del Frente Amplio, Mario Bergara.