Las horas para conocer el futuro de la coalición de gobierno parecen estar contadas. Mañana, Cabildo Abierto (CA), la fuerza liderada por el militar retirado Guido Manini Ríos, definirá si sigue formando parte de una alianza en la que se siente, de acuerdo a sus referentes, menospreciada.
La gota que rebalsó el vaso, luego de la tirante negociación por la reforma de la seguridad social en la que el presidente Luis Lacalle Pou bajó varias banderas para lograr el voto de los cabildantes, fue el pedido de dimisión a Irene Moreira, ministra de Vivienda y esposa de Manini Ríos, por la adjudicación directa de una propiedad a una militante de CA.
"Capaz son otras las cosas que le quieren cobrar a Cabildo Abierto", dijo el líder del ´partido y senador durante la conferencia de prensa del viernes pasado en la que presionó a Lacalle Pou para que reviera el pedido de dimisión. El presidente lo ratificó y CA anunció que el lunes evaluaría los pasos a seguir.
Manini Ríos dio un preámbulo de lo que parece ser el final de la coalición: "Tal vez llegó la hora", respondió ante la consulta sobre si se plantearía una ruptura.
Un Cabildo Abierto envalentonado y un gobierno desgastado en la interna
La salida del socio incómodo de la coalición dejaría al Ejecutivo en una situación debilitada en el Parlamento, con una mayoría más que ajustada para el último tramo de la gestión de Lacalle Pou, eso suponiendo que CA no pasará directamente a la oposición. En tal caso, perdería la mayoría.
Cabildo Abierto tiene 3 bancas de senadores y 11 de diputados luego de obtener el 11% de los votos en las elecciones generales de 2019, su primera competencia electoral con Manini Ríos liderando la boleta como candidato a presidente.
Su salida del oficialismo dejaría a la alianza gobernante –partidos Nacional, Colorado, Independiente y de la Gente- con apenas un escaño más que la oposición en el Senado (14 frente a 13 del Frente Amplio) y solo 2 más en Diputados (45 de la alianza, 42 frenteamplistas, un ecologista). Pero si los cabildantes votaran acompañando al FA, los números para el oficialismo simplemente se darían vuelta y quedaría en minoría.
Las últimas semanas dejaron en evidencia el poder de fuego político de Manini Ríos y su partido, que lograron sendas victorias tras tomar de rehén a la aprobación de la reforma de la seguridad social, una ley considerada clave por el presidente Luis Lacalle Pou y la piedra angular del que será el legado de su gestión.
Cabildo Abierto no sólo logró la mayoría de los cambios exigidos a la reforma, al punto tal de afectar la estructura misma de la iniciativa como modificaciones en la fórmula de cálculo de la jubilación, sino que además impuso su agenda de derecha en el Parlamento.
La tenencia compartida –un proyecto que, según expertos, vulnera los derechos de las infancias- se convirtió en ley la semana pasada. Mientras que la prisión domiciliaria para mayores de 65 años –que permitiría a más de 20 condenados por delitos de lesa humanidad dejar la cárcel- fue fijada como prioridad en el Senado. Esta última situación quizás pudiera cambiar con su salida de la coalición.
En la vereda de enfrente, en cambio, al gobierno le tocaría transitar su último año y medio de gestión con obstáculos en el Parlamento, en medio de un contexto de prematura campaña electoral en el país y de indicadores económicos que muestran una desaceleración de los niveles récord del año pasado.
La primera gran cita sería la presentación de la Rendición de Cuentas, en la que se encuentra trabajando el Ejecutivo y que sirve para trazar la agenda presupuestal del próximo año. En 2022, con una coalición aún estable, el trámite de aprobación de la ley duró más de 4 meses.
La rendición, en la que trabaja el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), incluiría varias reformas más. La tensión política podría demorarlas e, incluso, enterrarlas bajo un clima electoralista que ya comenzó a arribar a Uruguay.